LA PELOTA DE BELL VILLE

En Argentina pareciera que cada ciudad es una capital nacional de algo: del trigo, del salame, del folklore, del carnaval, del arroz, del malambo, del trekking, del helado artesanal, del pulóver, del arándano, del vidrio, del algodón. Y, como no podía ser de otra manera en un país tan pero tan futbolero, tenemos la capital nacional de la pelota de fútbol, con su respectiva fiesta nacional en enero de cada año.

Se trata de Bell Ville, provincia de Córdoba. Y tiene una razón bien contundente para serlo: allí, en 1931, Luis Polo, Antonio Tossolini, Juan Valbonesi crearon la primera pelota de fútbol con cámara de aire y válvula para su inflado. La llamaron Superball y era toda una novedad después de las pesadas y durísimas pelotas de tiento. Allí nació la pelota tal como la conocemos hoy día (amén de la evolución de su diseño y de los materiales que la componen). Y allí se fabricaron las pelotas que se usaron en los mundiales de Francia 1938 y Brasil 1950.

Esto generó en la ciudad una tradición de fábricas de pelotas, que se mantiene hasta nuestros días, en lucha desigual contra las inmensas multinacionales. Pero, a esta ciudad, el orgullo no se lo sacá nadie. Por eso, en pleno centro, luce un monumento a la pelota de fútbol, que quizás sea el objeto que más gente entiende y disfruta en el mundo entero. Y cuya revolución más profunda se produjo en la capital nacional (¿o mundial?) de la pelota de fútbol: Bell Ville.

REVISTA 054 - JUNIO 2010

HORMIGAS ARGENTINAS

Cuando un científico la mira por el microscopio, ella muestra sus documentos: Linepithema Humile. Pero se la conoce como Hormiga Argentina. Y con sólo 3 milímetros de largo, se trata de un verdadero dolor de cabeza a escala mundial.

Acá, en su país de origen (se desarrollan en las costas del Río Paraná), son brutalmente agresivas entre sí. Pero llegan a otro país y no hay hormiga tan férreamente solidaria como la Hormiga Argentina. Eso sí: sólo con las de su especie. Se instala en una región y extingue por completo a las otras hormigas. Nunca pierden el vínculo y la colaboración con otras colonias “argentinas”. Son un caso único en la historia biológica del mundo. De hecho, en pruebas de laboratorio, se juntaron Hormigas Argentinas de diversos países y por poco no se saludan e intercambian anécdotas. En seguida se reconocen. Y para colmo, en cada hormiguero hay varias reinas que no paran de dar a luz nuevas hormiguitas.

Que destruyan a otras hormigas no tiene nada de gracioso: están dejando algún que otro huequito ecológico a su paso. Como si eso fuera poco, siguiendo una tradición bien argentina, son ganaderas: crían pulgones que dañan los cultivos del lugar.

Son plaga en Europa, Japón, Australia, Nueva Zelanda y casi toda América, a donde fueron llegando con las exportaciones agrícolas.

Da para pensar en qué nos parecemos y en qué no a estas diminutas compatriotas, qué deberíamos copiar de ellas y qué deberíamos dejar, digamos, bajo tierra.

REVISTA 054 - JUNIO 2010

LOS DE AFUERA SON DE PALO

Los de afuera son meros testigos. No son parte de la historia. No participan.

Decir esto puede parecer del más básico y sensato sentido común. Pero las frases no andan volando por el aire. Las dice alguien y en una circunstancia específica. Y cuando esa circunstancia es la arenga a un equipo de fútbol que va a jugar la final contra, nada menos, Brasil y en, nada menos, el Estadio Maracaná ante la escalofriante cifra de 220.000 espectadores, esas circunstancias son más que especiales.

¿220.000 personas dando un ensordecedor aliento, subidos de antemano al carro de la gloria, sudando confianza por su equipazo que juega una final de local, se pueden convertir en seres de palo?

Obdulio Varela, feroz mediocampista uruguayo miró a los ojos a sus compañeros antes de la final del mundial de 1950. El Negro Jefe, lo llamaban. Era el capitán. Los dirigentes sólo pedían que la goleada en contra fuera lo menos abultada posible. El dijo: “los de afuera son de palo”. Y que se podía ganar. Brasil salía campeón aún con el empate y arrancó el segundo tiempo con un gol. Pero Uruguay metió dos. 220.000 palos mudos salieron a llorar por las calles de Río de Janeiro. Fue el Maracanazo.

Ortega y Gasset decía que uno es uno y sus circunstancias. Y decir semejante frase en semejante circunstancia convirtieron a Obdulio Varela en leyenda.

Y pensar que hay algunos que arrugan jugando de local.

REVISTA 054 - JUNIO 2010

PACHAMAMA EN HUMAHUACA

Jujuy es el mejor lugar para encontrarse con agosto, porque se celebra la Pachamama (la madre tierra). Casi todos lo festejan el primer día del mes. Y a mí me tocó vivirlo en la hermosísima Humahuaca, donde conocí al amigo Rubén. Él me presentó a Carlos y Teresa Cruz, un matrimonio de humahuaqueños, gente cálida que me invitó a la celebración en su casa y a la noche previa para ver la preparación de la comida, ollas al fuego de leña que iban poniendo a punto la tijtincha: habas, mondongo, patas de cordero, maíz para el mote, tistincha, papa, quínoa, en una cocción que llevaría toda la noche.

Otros amigos que conocí allá, Mariela y Petty, me invitaron a vivir un momento íntimo a la media noche, junto Rubén y Anabelle, francesa que traía desde su lejana Normandía, muchas ganas de vivir esto. Se trata del sahumado, una bendición para alejar malos espíritus y proteger la casa. Unas brasas dentro de una lata producirán humo cuando sobre ellas se arroje incienzo, mirra, romero, koa y yerba. Hay que sahumar toda la casa, especialmente puertas, rincones y muebles viejos. Y también a los invitados. Luego chayamos: cada uno a su turno echó sobre la tierra hojas de coca, alcohol, licor, vino, cerveza. Se remata con un fondo blanco de alguna de esas bebidas. El final fue un lujo: unas coplitas cantadas por Maryta y Mariela.


Al otro día, almorcé con Carlos y Teresa y un montón de amigos y parientes. La comida fue genial y no faltó el vino para chayar con la tierra y para disfrutarlo toda la tarde. Un rato después, Carlos clavó su cuchillo en el lugar en el que año a año se hace el pozo, que, una vez abierto y debidamente sahumado, empieza a recibir las ofrendas de los invitados: hojas de coca, chicha, yerbeado, licor, gaseosas, vino, cerveza… esta vez fue doble el fondo blanco: uno de vino y otro de licor. Al final, Carlos y Teresa convidan a la Pacha algo de todo lo que comimos un rato antes y cubren el pozo con tierra.


¿Por qué todo esto? “Todo lo que la tierra produce, le volvemos a dar a ella, para que el año que viene siga habiendo” me cuentan los dueños de casa. “Es nuestra tradición, el festejo más grande que hacemos: venerar a la tierra, darle de comer y de beber. Nosotros le decimos chayar o corpachar: darle todo lo que nosotros consumimos pidiendo que nos siga dando”. Esa conexión con la tierra va a quedar para siempre en mi recuerdo y en agosto chayaré con la Pachamama.


REVISTA 054 - JUNIO 2010

¡AL INFINITO Y MÁS ALLÁ!

Toda la Argentina nos conoce gracias a nuestra cerveza. Tenemos uno de los pocos clubes chicos que ganaron un campeonato de primera división (1978). A esos orgullos, los que crecimos en Quilmes, le agregamos un tatuaje en el paladar y en el recuerdo. Porque no hay manjar en la tierra capaz de hacernos olvidar a nuestro Capitán del Espacio. Tiene nombre de película clase B, pero es un alfajor. Y en los últimos años se convirtió en un mito.

Desde su creación, 1963, apenas se distribuían en una pequeña zona alrededor de Quilmes. El énfasis de los fanáticos despertó apetito y curiosidad en un país que consume unos 40.000.000 de kilos de alfajor por año. Pero, en los kioscos, los curiosos sólo encontraban la sorpresa de los dueños que no tenían ni noticias de su existencia.

Su pack, entre kistch y bizarro, se encuentra en cada vez más negocios fuera de su zona histórica. Aún cuando su creador, Angel Lineo De Pascalis, sigue negándose a ampliar la producción a pesar del boom (en Facebook hay 70 grupos con 50.000 adherentes en total). Hoy se habla de un fenómeno de antimarketing, ya que la empresa jamás hizo publicidad. Ni siquiera acciones de prensa aprovechando el momento

Dicen que uno de los pocos lugares de la Ciudad de Buenos Aires donde se consiguen, es el kiosco de la Jefatura del Gabinete de Ministros de la Nación. El actual Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, es quilmeño.

En 2002 se supo que Mariné Russo (quilmeña, jugadora de Las Leonas, selección femenina de hockey sobre césped) llevó cajas de Capitán del Espacio al mundial de Perth para acompañar las rondas de mate. Sólo diré que ese mundial fue ganado por Argentina. Saquen sus propias conclusiones.


REVISTA 054 - MARZO 2010

LA HUELLA DE VUCETICH

En Necochea, en 1892, Francisca Rojas denunció que sus dos hijos habían sido asesinados por su vecino.

Diez años antes, había llegado a la Argentina el joven Juan Vucetich, nacido en Croacia. En 1888 trabajaba en la policía de la provincia de Buenos Aires, con el encargo de desarrollar un sistema de identificación de personas. Cumple creando el primer registro dactiloscópico del mundo, en 1891. Unos años antes, el inglés Francis Galton, descubrió que las huellas digitales de cada persona son únicas e invariables. Conclusiones que Vucetich logró sintetizar, organizar y sistematizar. Sus Instrucciones Generales, publicadas en 1894, son el manual de aplicación de un mecanismo que hoy se usa en todo el mundo, conocido como dactiloscopía.

En la casa de Necochea, los dedos ensangrentados del asesino no mancharon la puerta: dejaron un rastro que ahora podía leerse con precisión. Nunca antes, un delito había sido esclarecido gracias a las huellas dactilares. El vecino quedó libre de toda culpa al descubrirse que aquellos dedos eran los de la madre de las víctimas.

Hoy es algo natural, pero cuando se implementó como obligatorio el registro de personas que incluía fotografía y huellas digitales (1911), fue muy resistido en nuestro país. ¿Fue funcional a la Ley de Residencia (1902) que autorizaba expulsar sin mucho trámite a inmigrantes “indeseables” (o sea comunistas y anarquistas)? ¿Vulnera el principio jurídico según el que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario?

Lo cierto es que el aporte de Vucetich no le fue reconocido en vida. Pobre y olvidado, murió en 1925, habiéndole dejado al mundo entero un sistema poco menos que implacable.


REVISTA 054 - MARZO 2010

FRANCISCO SALAMONE

Como tantos inmigrantes, Salvatore Salamone partió de Sicilia y llegó a la Argentina a probar suerte. Traía en brazos a un bebé, Francisco, al que contagiaría su oficio, el de la construcción. Francisco se recibirá de maestro mayor de obras en Buenos Aires y de arquitecto e ingeniero en Córdoba.

Mostrará su talento ganando medallas en Milán y Barcelona. Mostrará su carácter al embestir duramente contra la cúpula de la Sociedad Central de Arquitectos, por un sospechoso fallo que lo perjudicó.


Talento y carácter mostró cuando se le presentó la oportunidad de su vida: en 1935 conocerá al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Manuel Fresco, quién se convertirá en su amigo y mecenas (mecenazgo ejercido con el dinero del estado provincial, claro). Admirador de Mussolini, Fresco saludaba con el brazo en alto y soñaba con dejar huella en la historia. La arquitectura siempre fue usada por los regímenes totalitarios como mascarón de proa y Salamone interpretó a la perfección el sueño de su amigo.


Entre 1936 y 1940 desarrolló casi 70 obras en el sudoeste de la provincia, cargadas de monumentalismo, megalomanía, futurismo y ambición. Todo esto, dicho en el contundente idioma del art decó. En cada ciudad, su obra se desarrolla en mataderos, cementerios, plazas y edificios municipales. Sobre todo en estos últimos, el contraste con el entorno era decididamente violento: pequeños pueblos de casas bajas, desparramados por la inmensa alfombra de las pampas. Todo un discurso: aquí está el Estado, la autoridad. Y ahí estaba Salomone, que obsesivamente supervisó cada detalle, a pesar de las distancias, lo que lo llevó a batir un récord de horas de vuelo, según cuentan.


Caído el gobierno de Fresco, Francisco Salamone se dedicará a la pavimentación hasta su muerte en 1959. No fue si no hasta hace pocos años que su imponente obra empieza a ser rescatada de un olvido al que cayó por haber quedado pegada a lo peorcito de la política.

REVISTA 054 - MARZO 2010

RAÚL PRCHAL. EL BUFÓN LÚCIDO

En Humahuaca conocí a Petty y a Mariela, un matrimonio con el que gastamos una tarde en mates e historias del lugar. Pero una cosa es que te las cuenten y otra es vivirlas. Una de ellas estaba en un barrio de casitas de adobe. Con su puerta ojival, el “castillo” de Raúl Prchal se diferencia del resto.

Una buena historia arranca por el principio: “a los 8 años escribí en un cuadernito: a medida que nos vamos civilizando, nos vamos complicando la vida”. Un niño así no puede ser un adolescente que no lea En el Camino, de Kerouac. Después vendrán Thoreau, Bakunin. Las ideas de la vuelta a la naturaleza, la no violencia, el no consumo. Intenta una comunidad en Córdoba, “pero una cosa es reunirse para charlar los fines de semana y otra es convivir”, me explica. Vive dos años en El Arca, comunidad que Lanza del Vasto fundó en Francia inspirado en las ideas de Ghandi. Vuelve y se instala en Humahuaca en 1975.

1987 es un año clave: se separa, edita su primer libro y se desconecta de la electricidad, del agua, del gas. Luz de velas, calor de leños, papel, viruta o basura. Ni hablar de teléfonos o computadoras. Así funciona su castillo, Huayra Huasi (casa del viento, en quechua), como él lo llama, donde él es el rey. Y se viste como tal para mostrármelo. “¿El rey? ¿no era anarquista?” le pregunto. “Yo soy contradictorio” contesta.

Notas sobre él en los principales diarios y revistas del país, van acordes con su lema: ESCRIBIR-EDITAR-TRIUNFAR. “Triunfar es utilizar el éxito literario para dar a conocer una opción distinta. Y yo sé que soy un personaje vendible en un mercado chato”.
- Y usa ese personaje para difundir ideas, no hay improvisación ni locura- le digo.
- No. Lo tengo muy bien estudiado. Pero vivo de acuerdo a lo que digo.

¿Una utopía? “El tema es estar lo menos lejos posible de la utopía. A la gente la convencieron de que el cambio no es posible, entonces se conforma”.

Le compro sus 4 libros (fotocopias rústicamente encuadernadas, a $5 cada uno). En estos días recibí por correo la reedición del primero, “El francotirador”, editado como libro convencional. Todos dedicados con pluma y tinta china. “Es parte del show”, me confiesa. Además guionó un mediometraje.

Vale la pena conocerlo. Se podrá decir que está loco, que es un charlatán o un apostol de las utopías. Lo cierto es que el tipo vive como piensa. Y no parece estar robándole nada a nadie. Y eso, hoy por hoy, no es poco. La puta que no es poco.

(REVISTA 054 - DICIEMBRE 2009)

SABORES ARGENTINOS

REVUELTO GRAMAJO:
el polémico General Julio Argentino Roca tenía un gran amigo, que a la vez fue su subalterno en varias campañas militares y su edecán en los dos períodos en los que fue Presidente de la Nación: el Coronel Artemio Gramajo, famoso por su enorme bigote y su no menos enorme barriga, amante de la buena y abundante comida y eximio cocinero, al menos para el paladar de su jefe y amigo, a quien solía prepararle un revuelto compuesto de papa, cebolla, jamón, huevos, arvejas, ajo y algunos condimentos. Cuando Roca llegó a la Casa Rosada, el aroma de este pequeño manjar se esparció por toda la ciudad, convirtiendo al revuelto en un clásico ajeno a toda polémica histórica y se lo bautizó con el nombre de su creador.

SALSA GOLF:
el médico argentino Luis Federico Leloir recibió el Premio Nobel de Química en 1970 por descubrir cómo los nucleótidos de azúcar intervenían en la elaboración de hidratos de carbono. Pero también hizo un descubrimiento muchísimo más simple: en el Club de Golf de Mar del Plata pidió al mozo que le traiga ketchup y mayonesa y empezó a mezclar los ingredientes en la búsqueda de un delicado aderezo para sus camarones. El delicioso resultado fue bautizado, en honor al club, como Salsa Golf.
Hay quienes atribuyen el hallazgo a otro Premio Nóbel (de medicina), también argentino: el Dr. Bernardo Houssay.
Considerando el enorme prestigio de sus probables creadores, se entiende que los camarones y los palmitos jamás volvieran a ser los mismos sin su toque mágico.

(REVISTA 054 - DICIEMBRE 2009)

¿POR QUÉ EL MONTE SE LLAMA VIDEO?

El Cerro de Montevideo da nombre a la capital más austral de América. Lo de “Monte” viene del cerro. Pero no se sabe bien de dónde viene lo de “video”. Y las teorías son tan distintas que es un caso único en el mundo.

1- Los aborígenes lo llamaban Yvy’ty (monte del espíritu). Los portugueses llegan aquí en 1501, al mando de Américo Vespucio. No se habían tomado la molestia de semejante viaje para dejarle la toponimia a espíritus paganos así le dieron un toque cristiano: Monte Yvyty Deus.

2- En Portugal vivió un obispo querido y con fama de milagrero: Ovidio. En su honor le pusieron Ovidio al monte.

3- “Una montaña hecha como un sombrero al cual pusimos nombre Montevidi” dice la bitácora de la expedición de Fernando de Magallanes (1520) sin explicar cuál fue la musa que iluminó semejante idea.

4- Un portugués de la nave de Magallanes, al divisar el cerro pegó el grito: “monte vidi eu!” (yo vi un monte). Al resto de la tripulación (española) parece que “montevidieu” le sonó simpático. Y apropiado.

5- Vespucio escribió en una roca del cerro: VIDI. Un ex discípulo suyo, que integraba la expedición de Magallanes, descifró el cartelito: V=Vespucio, I=invenit (descubrió, en latín), DI=501 en números romanos. Monte Vidi.

6- Precisamente tiene que ver con el 6. Y es la más simpática: los españoles venían haciendo anotaciones cartográficas de las tierras recién descubiertas y anotaron esto: Monte VI D.E.O. (monte sexto en Dirección Este a Oeste). Alguien juntó todo y listo.

¿Cuál de estas historias tenía en mente su fundador en 1726, cuando llamó a la ciudad San Felipe y Santiago de Montevideo?

(REVISTA 054 - DICIEMBRE 2009)

EL CONVENTILLO DE LA PALOMA

Recostada desde Serrano hasta Thames, entre las calles Muñecas y Murillo, esa auténtica Torre de Babel resiste el paso del tiempo y esquiva demoliciones, sabiéndose leyenda.

Amanecía el Siglo XX y con sus 1.900 m2 y sus 112 habitaciones, La Casa Colectiva Nacional era uno de los 2.835 conventillos que paliaban el problema habitacional de esa Buenos Aires que en 40 años quintuplicó (y un poquito más) su población, con la inmensa marea de inmigrantes. Demasiados, aún para las 120.000 habitaciones de los conventillos.

Pero el que se hizo famoso fue este, porque en él se inspiró el poeta y dramaturgo Alberto Vacarezza para escribir su sainete “El Conventillo de la Paloma”, que de tanto éxito que tuvo rebautizó al lugar.

Con su belleza, su vestido blanco y su misterioso origen, Paloma enamoraba a los italianos, enloquecía a los judíos, enardecía a los árabes, provocaba taquicardia en los españoles y le quitaba el aire a los criollos que vivían allí. En la obra y se dice que también en la realidad.

El drama de Vacarezza muchas veces fue criticado por ridiculizar a los inmigrantes. Pero los conventillos no discriminaban. Les daba techo, penurias, frío y humedad a todos por igual. Y algo así como un hogar. Que no es poco, cuando se viene huyendo del propio.

Pero Paloma era el oasis. Por eso Miguel, un personaje de la obra, amenaza: ‘Sará carpincho, locura, amore, non só; ma giuro, per la ánema de San Genaro, que, ante de aflojare, le prendo fuego a lo conventillo’.

(REVISTA 054 - SEPTIEMBRE 2009)

PULQUI: EL SUEÑO DE LA FLECHA

En la mística de un país el protagonismo lo tienen los sueños. Los de sus fundadores, los de sus pioneros, los de su gente.

Uno que se atrevió a soñar, fue el entonces capitán Bartolomé de la Colina, que tuvo la “loca” idea de que nuestro país podía sumarse a la naciente industria de la aviación. A partir de ese sueño, en 1927 se innaugura en Córdoba la Fábrica Militar de Aviones.

Cuando la guerra fría arrancaba y Estados Unidos y la Unión Soviética se mostraban los dientes (bah, dientes: ¡armas!) Argentina, que declamaba una equidistancia entre esas potencias, fue capaz de desarrollar un avión caza a reacción que no tenía nada que envidiarle a los Hawker Hunter (Inglaterra), los Saab J29 (Suecia), los Dassault Ouragan (Francia), los F-86 y los FJ Fury (EE. UU.) y los Lavochkin 15 y los MiG15 (U.R.S.S.). Es más: superaba a algunos en varios aspectos. Era el Pulqui II.

Voló por primera vez en 1950 y era la versión mejorada (gracias al ingenio del alemán Kurt Tank) de otro prodigio: el Pulqui I (1947) que había convertido a la Argentina en el octavo país que produjo un avión a reacción y el primero en todo el hemisferio sur.

Derrocado Perón en 1955, el proyecto se fue derrumbando frente al avance de las presiones de las súper potencias.

Si hay una moraleja, es que se puede soñar con desarrollar teconología de altísimo nivel en nuestro país. El Pulqui nos señala el camino. Será porque en quechua, Pulqui significa flecha.

(REVISTA 054 - SEPTIEMBRE DE 2009)

EL ETERNAUTA. LA HISTORIA Y LA HISTORIETA.

El guionista de historietas quedó perplejo. No era para menos: estaba en su estudio y, de pronto, se empieza a materializar un hombre frente a él. Era Juan Salvo, que comienza a contarle su historia, que empieza con una nevada radioactiva que lo sorprende jugando al truco con sus amigos. La primera señal de una invasión extraterrestre.

Héctor Germán Oesterheld se larga a escribir guiones de historieta en 1951. En 1957 comienza a editar las míticas revistas Hora Cero y Frontera. Con Francisco Solano López, parió El Eternauta. La acción transcurre en Buenos Aires, toda una novedad para aquella época. Batallas en el estadio de River, el cuartel general de los invasores en la Plaza del Congreso. Pero la invasión es una excusa para explorar en las reacciones humanas frente a la adversidad.

El solo contacto con la nevada es mortal. Juan improvisa un traje portector y sale a explorar. Aparecerán más sobrevivientes. Y también el invasor: los cascarudos, los gurbos, los humanos controlados con un artefacto instalado en la nuca y los manos, quienes manejaban al resto. Pero ellos también son víctimas. El verdadero invasor no se ve: los Ellos.

Se publica semanalmente hasta 1959. El éxito es enorme pero además se ganará el trono de la obra maestra de la historieta argentina. En 1969 la revista Gente propone reeditarla. Ahora los dibujos serán de Alberto Breccia. Es la misma historia, pero es otra Argentina y es otro Oesterheld. La invasión ya no es a escala mundial: las grandes potencias han entregado a Sudamérica a cambio de su salvación. Hay un mensaje ideológico muy marcado. A las pocas semanas deja de publicarse.

Los manos muestran su lado vulnerable y humano. Pero la lucha es desigual. En plena huida Salvo, su esposa y su hija, se introducen en una nave invasora. Intentando pilotearla provoca que ellas se esfumen. El también desaparece. Había activado una máquina del tiempo. Desde entonces, viaja por la eternidad. Es El Eternauta.

Habrá una segunda parte, en 1976 (nuevamente con Solano López), con Oesterheld militando en la organización guerrillera Montoneros y escribiendo el guión desde la clandestinidad. Cuenta la leyenda que el guión contenía mensajes cifrados. El país era gobernado por la última dictadura y en 1977 Oesterheld es secuestrado por las fuerzas armadas, convirtiéndose en uno de los 30.000 desaparecidos junto a sus 4 hijas (dos de ellas embarazadas), y sus dos yernos. Se presume que fue asesinado en 1978.

La invasión se produjo en 1963. La charla con el guionista, en 1959.

Oesterheld estudió Geología, carrera que abandonaría para dedicarse a escribir. Lo que nunca dejó de hacer es estudiar capa tras capa, cavando en lo más profundo, pero del alma humana.

(REVISTA 054 - JUNIO DE 2009)

LOCOS POR LA RADIO

Sir Perceval de Gales (Parsifal), caballero del Rey Arturo, es el elegido que, por su pureza, podrá recuperar la Lanza Sagrada y el Santo Grial. En la ópera de Richard Wagner, la inquietante Kundry le revela al héroe el origen árabe de su nombre: “parsi” significa casto y “fal”, loco.

Otros 4 locos fueron los héroes del 27 de agosto de 1920, que hicieron la primera transmisión radial de la historia. Precisamente transmitieron la puesta de Parsifal en el Teatro Coliseo, desde el techo del mismo. Hacía tiempo que andaban por las terrazas haciendo pruebas. Por eso se los conoce como “Los Locos de la Azotea” a Enrique Telémaco Susini, Miguel Mujica, César Guerrico y Luis Romero Carranza.

La locura consistió en subirse con un precario transmisor, conectado a un micrófono para hipoacúsicos (colocado en el paraíso del teatro) y a una antena que irradió, para los pocos dueños de un receptor en el Buenos Aires de aquellos años, la última ópera escrita por Wagner.

Otros intentos experimentales habían precedido a este. Pero, en 1934, en el Congreso Mundial de Radio, celebrado en Buenos Aires, se consideró que esta había sido la primera transmisión programada y abierta para todo aquel que tuviera cómo captarla.

Desde ese congreso, el 27 de agosto es el Día Mundial de la Radio. El día de los locos.

(REVISTA 054 - JUNIO DE 2009)

BAILORETTO

- ¡No te hagás el muerto! – gritó uno de los policías. Y empezaron a disparle al cuerpo que ya era un cadáver: se había suicidado para no caer en manos de la ley.

Más que alegría por la preciada presa, los policías sentían evaporarse el sudor frío del miedo que los envolvió durante el tiroteo. Sabían bien a quién habían ido a buscar: era Juan Bautista Bailoretto.

Insolente, carismático y escurridizo, con cada robo agigantaba su leyenda y la admiración del pueblo. Para colmo simpatizaba con el anarquismo. Demasiada provocación para el poder de entonces. Nació en Santa Fe, pero sus golpes más célebres fueron en La Pampa. Robaba a los poderosos, a los bancos. Vengaba a sus amigos y a los que sufrían injusticias. Repartía el botín. Después desaparecía. Era un fantasma para la policía. Un héroe para los humildes. El Robin Hood de las Pampas. Por eso aún hoy se lo recuerda y venera como a un santo. Y hay libros, canciones, obras de teatro y película sobre su mítica figura.

La gente lo protegía, lo alimentaba y escondía, pero su fuga constante lo lleva a vivir a San Pedro del Atuel, en el sur de Mendoza, con su esposa y sus dos hijas. En 1941, lo emboscaron cerca de 20 policías gracias a una delación. Y al cabo de una balacera infernal, ni siquiera pudieron matarlo. Porque lo que pasó esa madrugada fue un nacimiento. El del mito. Lejos de los bosques de Sherwood. Y sin final feliz.

(REVISTA 054 - JUNIO 2009)

GRAF SPEE. LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL EN EL RIO DE LA PLATA.

A comienzos de la Primera Guerra Mundial, la Marina Real Británica, defendiendo su ocupación de las Islas Malvinas, masacró a una escuadra de la Marina Imperial Alemana, al mando del Conde (“Graf” en alemán) Maximilian Johannes Maria Hubert von Spee, que muere en esa batalla.

A comienzos de la Segunda Guerra Mundial, la marina del Tercer Reich salió a hundir barcos mercantes de los aliados. El acorazado DKM Admiral Graf Spee, la joya de la flota nazi, estaba entre ellos. Y 3 buques de guerra británicos le salieron al paso frente a Punta del Este, entablando la última batalla naval clásica de la historia: la Batalla del Río de la Plata. El Graf Spee sale triunfal, pero averiado y con escasas municiones. Hans Langsdorff, su capitán, lo conduce al puerto de Montevideo para repararlo.

Al zarpar, una multitud esperaba ver un combate. Pero vieron la evacuación y una explosión descomunal, provocada por Langsdorff (engañado por la inteligencia británica que le hizo creer que lo esperaba una enorme flota inglesa) para evitar una masacre y para que el buque no caiga en manos enemigas. Días después, se suicidó en Buenos Aires.

Hundido a sólo 7 km de la costa montevideana, el acorazado se convirtió en un tesoro de inmenso valor histórico y económico. Y las vidas de sus tripulantes, radicados en su inmensa mayoría en Uruguay y Argentina, son objeto de leyendas y misterios.

El Graf Spee navegó con el nombre del almirante muerto en Malvinas. Pero lo hundió el peso del destino del Conde.

(REVISTA 054 - JUNIO DE 2009)

NENE MALO (LA HISTORIA DEL PETISO OREJUDO)

Papá golpeaba al nene. Siempre. Y mucho. Mamá abrazaba al nene y dormía con él.

Miguel tenía 2 años. Un chico de 7 le dio una feroz golpiza y lo arrojó sobre una planta con espinas. Miguel sobrevivió. Fue la primera víctima del Petiso Orejudo.

El nene escondía bajo la cama del papá los pájaros que mataba arrancándole los ojos.

En 1912, se declara culpable a Cayetano Santos Godino de la muerte de Jesualdo Giordano, de 3 años, a quien le martilló un clavo en la sien. Había matado a 4 niños de manera aberrante, intentó matar a otros 7 y provocó 7 incendios. Tenía 16 años.

El nene tenía orejas enormes, microcefalia, era raquítico y casi muere de enteritis.

Después de muchas pericias, mucho examen y mucha opinión pública, en 1923 se lo llevan de un hospicio psiquiátrico al Penal de Ushuaia, el “San Quintín” argentino.

El nene se llamaba Cayetano en honor al primer hijo de sus papás, que murió recién nacido.

Los procesos contra Godino presentan llamativas irregularidades. La satanización del Petiso Orejudo tiene los mismos genes que la Ley de Residencia de 1902, que ordenaba expulsar del país a todo inmigrante que alterara el orden. Inmigrantes anarquistas y socialistas trajeron demasiadas huelgas para el paladar conservador del poder de aquellos años. Cayetano era hijo de un inmigrante alcohólico, golpeador y vago. Un jugoso estereotipo para asustar a la “gente bien”.

El nene murió a los 49 años, de una hemorragia. Sus compañeros de cárcel lo golpeaban y violaban todo el tiempo.

En 1947, se clausura el penal y los huesos del Petiso Orejudo habían desaparecido del cementerio. Casualmente, el escritorio del último director de la cárcel tenía un fémur como pisapapeles.

El nene le dijo a la policía: “¿qué culpa tengo yo si no puedo sujetarme?”.


(REVISTA 054 - MARZO DE 2009)

¿DÓNDE NACIÓ CARLOS GARDEL?

TEORÍA ARGENTINA / GARDEL FRANCÉS

Gardel fue un prócer del tango, el que, con su voz excepcional, le dio forma e identidad al cantor de ese género. Muere, convirtiéndose en leyenda, el 24 de junio de 1935 en Medellín, Colombia, cuando su avión chocó durante el despegue. Eso está claro. La polémica está en su nacimiento.

En Argentina, no hay dudas: Gardel es francés.

Su propio testamento (de puño y letra) lo dice: “soy francés nacido en Toulouse, el día 11 de diciembre de 1890 y soy hijo de Berthe Gardes”. Este documento es central en la “teoría francesa”. En él, también declara: “mi verdadero nombre y apellido son Carlos Romualdo Gardes”.

Ante declaraciones a la prensa y pasaportes en los que Gardel dice ser uruguayo, desde Argentina se contesta que eso fue producto de maniobras para eludir el llamado del ejército francés en época de guerra.

Otro documento: según los registros de la Police General del Departament de Gironde, no se le emitió pasaporte alguno a Berthe, sino hasta 1893, mientras que la tesis uruguaya habla de que Gardel nació en 1887 o 1890.

Y no será un documento, pero en su juventud le decían “francesito”.

Se ve con suspicacia que al otro lado del río no haya surgido quien reclame parte de la herencia. Los francesistas no entienden por qué Gardel renunciaría a su nacionalidad uruguaya en su testamento. Jamás tuvo pasaporte de ese país. Y si, como dicen en Uruguay, Carlos Gardel no es Charles Romuald Gardés ¿dónde está el acta de defunción o la tumba de este último?

Pero, cruzando el Río de la Plata, se dice otra cosa. Si no, vean la página siguiente.

TEORÍA URUGUAYA / GARDEL URUGUAYO

En Uruguay, no hay dudas: Gardel es uruguayo.

Es un asunto de Estado: se vienen haciendo pedidos oficiales para que se le practiquen al cadáver de Gardel y al de su madre sendos estudios de ADN. ¿Por qué se niegan las autoridades argentinas?

Para Uruguay, “el zorzal” nació en Tacuarembó, al norte del país, y sería hijo ilegítimo del Coronel Carlos Escayola y su cuñada. Para evitar el escándalo, el niño fue entregado a Berthe Gardés, quien luego se mudaría a Montevideo y a Buenos Aires. Charles Romuald Gardes sería un hijo natural de Berthe y en su existencia se basaría la confusión de la hipótesis argentina.

Mi corazón es argentino, pero mi alma es uruguaya, porque allí nací”, dijo Gardel a la revista Caretas de Antioquía, poco tiempo antes de su muerte. Y cuando le presentaron al pianista uruguayo Abraham Thevenet, lo saludó diciéndole: “yo también soy uruguayo”. Al periódico El Telégrafo, de Paysandú, dijo: “soy uruguayo, nacido en Tacuarembó”.

Las suspicacias también están de este lado del río: ¿por qué Gardel mentiría sobre su origen si al ser hijo único de madre viuda no podría ser reclutado por el ejército galo? Y si era hijo legítimo de Berthe, ¿para qué testamentar a su favor si no tuvo ni esposas ni hijos?

Murió en su mejor momento. Su voz, que la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad, es símbolo de un género que él mismo hizo internacionalmente reconocido. En definitiva, como lo dijo el propio Gardel "Un artista, un hombre de ciencia, no tienen nacionalidad. Un cantor tampoco, es de todos, y sobre todo su patria es donde oye aplausos".

(REVISTA 054 - MARZO 2008)

EL TORINO

Después del fútbol, la gran pasión argentina es el automovilismo. Hay hinchadas de Ford, de Chevrolet. Pero los de Torino se saben diferentes: son hinchas de un auto argentino. Pareciera que su rivalidad es con Ford, pero Roberto, del Club Torino Córdoba, dice con picardía: “Ford y Chevrolet son River y Boca. El Torino es la selección”.

En 1963, IKA, Industrias Kaiser Argentina, primera fábrica de automóviles del país, empieza a planear el primer auto argentino. El diseño fue encargado al mítico estudio italiano Pininfarina, de Torino. De ahí el nombre y el isotipo, que alude al escudo de la ciudad.

La criatura llega en 1966, con un descomunal motor Tornado y prestaciones deportivas y de comodidad que eran de avanzada para la época.

A pocos meses del lanzamiento, llega el primer gran golpe: gana en su debut en el Turismo Carretera y termina alzándose con el campeonato y el subcampeonato del 67. La hegemonía Ford-Chevrolet tambaleaba.

La gran hazaña llegaría en 1969, en “Las 84 horas de Nürburgring”. Un Torino terminó cuarto por una penalización, pero fue el auto que más vueltas le dió al infernal circuito alemán. El país vivió pendiente de la carrera esas 84 horas gloriosas. En dos años, ya era un clásico.

Luego Renault compraría IKA y ,en 1982, se deja de fabricar. Se habían vendido más de 100.000 unidades. Así nació la leyenda.

Con el tiempo, surgieron clubes de fanáticos que mantenían sus Torinos o recuperaban los que quedaron en desuso.

Fanáticos. Que se enorgullecen como padres cuando el dueño de una 4x4 se asombra por dónde se mete su Torino. Que lloran de la emoción cuando recuperan uno y lo hacen arrancar de nuevo. Que arman webs, como la pionera “Pasión Torino”, que se convierten en un lugar de referencia para comprar o vender Torinos o sus inhallables repuestos. Que sueñan, como Víctor Fernández, estudiante de diseño industrial, abocado por su cuenta a delinear un Torino del futuro. Fanáticos del Toro.

“Muchos años después de comprarme el Torino -revive Roberto-, me acordé que cuando tenía 6 años andaba con una Chevy de juguete y mi tío, que trabajaba en IKA, me decía: ‘no mi hijo, usted tiene que tener un Torino, que es el mejor auto del mundo’”.

(REVISTA 054 - MARZO 2008)

DESPROHIBIR (BIBLIOTECA DE LIBROS PROHIBIDOS DE CÓRDOBA)

Esta Biblioteca está entre lo más interesante del Archivo Provincial de la Memoria, lugar que atesora muchos testimonios de la época más oscura de nuestro país: la brutal dictadura militar que se extendió desde 1976 hasta 1983.

Ludmila Da Silva Catela, directora del Archivo, nos cuenta: “la idea es tener aquellos libros que fueron prohibidos: los hay de la época, que se lograron recuperar, y reediciones más recientes”.

Se suele pensar que la larga lista de títulos que fueron quemados, enterrados o sacados de circulación, fue confeccionada con arbitrariedad e ignorancia. Da Silva Catela aclara: “cuando empezamos teníamos esa visión, a partir de casos como La Cuba Electrolítica (N. del R.: libro de física. “Cuba” se refiere al recipiente, no al país). Pero encontramos que las prohibiciones estaban muy bien fundamentadas, según el criterio de censurar todo aquéllo que desestructura la idea de familia, que torna la idea de libertad algo demasiado amplio o propone una mirada sobre lo social más compleja”.

Se genera una identificación en las personas que vienen, porque alguien ve su libro de la primaria y dice ‘¿cómo que estaba prohibido?’” cuenta la directora. Se nota la especial preocupación de la dictadura por libros escolares e infantiles. Y es que, como dice Da Silva Catela, “tenían una idea de nación muy distante de la nuestra, pero tenían muy claro cuál era esa idea”.

Todos esos libros “peligrosos” se pueden encontrar en la sede del Archivo: Pasaje Santa Catalina 66, Córdoba, de lunes a viernes de 10 a 18 y pueden ser leídos por quienes así lo deseen. Para conocerlos, para exorcizarlos.

(REVISTA 054 - MARZO 2008)

LLAMADAS (EL CARNAVAL EN URUGUAY)

Entre el megalómano carnaval de Río y los diversos y dispersos carnavales argentinos, en el paisito (como cariñosamente llaman a su país los uruguayos) transcurren estas celebraciones de una manera muy singular y característica, que los distingue de sus gigantescos vecinos.

Y ya llegan las llamadas, con sus murgas y el ritmo contagioso del candombe en el carnaval más extenso del mundo.

Claro que hoy el candombe es mucho más que “música de carnaval”. Junto al tango, define la identidad musical del uruguayo. En las venas de su nombre y su ritmo, hierve la sangre de los esclavos negros de la época de la colonia, que sólo para esta época de carnavales contaban con un tiempo para expresar su cultura, un paréntesis de cierta libertad. Alguna de esas etnias trajo el término kiandombe, que significa “negro”.

Los negros se convocaban para festejar con el repiqueteo de sus ancestrales tambores. Eso eran sus llamadas. Las de hoy son los desfiles de las murgas, palabra que en el español antiguo aludía a grupos musicales satíricos que tocaban a la puerta de las familias acomodadas para recibir alguna moneda por sus interpretaciones. Y en su origen, las murgas tocaban y solicitaban una colaboración monetaria del público.

Pero las estrellas del firmamento carnavalesco uruguayo son las canciones de las murgas, pobladas de nostálgicas pinceladas costumbristas o apelaciones futboleras. Pero en esas voces, que suenan como un coro de estridentes trompetas, suelen escucharse afiladas críticas a la política nacional e internacional y más que canciones son verdaderas declaraciones de principios.

Hoy, en el paisito, quienes hacen retumbar los tambores sólo son esclavos del diablo negro del ritmo del candombe.

(REVISTA 054 - DICIEMBRE 2008)

LA CHISPA MÁGICA

La fotografía acabaría con la pintura, el cine con el teatro, la tele con la radio y los videoclubes con los cines. Y Argentina iba a ser un país altamente industrializado.

Las primeras predicciones se cayeron por su propio peso. La última iba camino a concretarse, hasta que las políticas de apertura indiscriminada de importaciones (en los 70 y en los 90) trituraron el sueño. Pero, mientras duró, generó muchas innovaciones. Y entre las más entrañables está el Magiclick, producto de una de esas empresas que el sueño había generado y la realidad se devoró: Aurora.

1968: el dueño de la empresa trae de Japón un novedoso dispositivo que se aplicaba en las cocinas y generaba la chispa que las encendía. Le pidió a Hugo Kogan (director de diseño) que instrumente su aplicación en los artefactos de Aurora.

Kogan fue más allá: creó un artefacto autónomo (no requería pilas ni recargas), que podía usarse en las cocinas ya existentes y de otras marcas. El practiquísimo aparatito enamoró al mercado: los primeros 5.000 se vendieron tan rápido que, pocos meses después, Aurora fabricaba 80.000 por mes. Y abrió plantas en Brasil y en España gracias al Magiclick.

El producto era de por sí muy atractivo, pero además, la vida útil del dispositivo original estaba medida en un millón doscientos mil chispazos y, al Magiclick, se le estimaron unos 30 chispazos diarios. El cálculo daba para ofrecer una garantía de altísimo efecto publicitario: 104 años.

Alguien pudo haber predicho que el Magiclick acabaría con los fósforos. Y que Argentina iba a ser un país altamente industrializado.

(REVISTA 054 - DICIEMBRE 2008)

MUSICA SACRA

Un fanático (de un club de fútbol, de un grupo musical) suele definir su sentimiento como una pasión inexplicable.

1- Gilda.
Miriam Alejandra Bianchi (Buenos Aires, 1961) iba a llamarse Gilda (por el mítico personaje de Rita Hayworth), pero la burocracia lo impidió. Su vida cambia al conocer al músico Toti Giménez, quien se enamora de ella y de su voz y con quien incursiona en la cumbia, ritmo de gran prédica en las clases más populares. Lanza su primer disco en 1993. “Los que saben” anuncian su fracaso: no es voluptuosa ni sexy, la fórmula del éxito femenino en este género. Pero triunfa. En 1995, el hit “No me arrepiento de este amor” la consagra. Shows en casi toda latinoamérica. En la cumbre de su éxito, cerca de Cahajarí, Entre Ríos, un camión embiste al ómnibus en el que viajaba. Mueren Gilda, su madre, su hija y tres de sus músicos.

2- “El Potro” Rodrigo
A los 10 años, Rodrigo Alejandro Bueno (Córdoba, 1973) ya estaba en un escenario cantando cuarteto (género popular cordobés). A los 15, graba su primer disco. En 1991, cumple su sueño de tocar en Buenos Aires. Poco a poco, conquista al público. Pero el fenómeno estalla en 1999: omnipresencia en los medios, 13 Luna Park llenos (100.000 espectadores, un récord), una canción dedicada a Maradona, sus últimos 3 discos vendiendo 500.000 copias y todo el país cantando “soy cordobés”. En el mejor momento de su carrera, una fría noche de invierno del año 2000, pierde el control de la 4x4 que manejaba y vuelca en la autopista que une Buenos Aires y La Plata. Rodrigo salió despedido y murió.

3- El mito
Dos músicos populares y sumamente carismáticos alcanzan el estatus de ídolos y mueren, trágicamete, muy jóvenes. El abc de la construcción del mito.
A los lugares de los accidentes de Gilda y Rodrigo, peregrinan sus seguidores, no sólo a recordar a sus ídolos. Van a venerarlos como santos paganos. Van a pedirles salud, amor, trabajo, milagros (en mayor medida en el caso de Gilda).

A un costado de la ruta, los restos del ómnibus de Gilda. Un monolito a la altura del accidente de Rodrigo. Son los santuarios que se colman de ofrendas y homenajes, de recuerdos y súplicas, de esa pasión que no se explica.

(REVISTA 054 - DICIEMBRE 2008)

CAMBIO DE MANO

Fue un domingo, para facilitar la adaptación. Ese día sólo se podía circular a 20 km por hora y, además, algunas calles de la Capital cambiaron de dirección, para que las vías de los tranvías quedaran a la derecha. Costó adaptarse a tanto cambio.

Por entonces, se argumentó que el sistema existente (que aún hoy rige en Inglaterra, Australia, India y Japón, entre otros países) era arcaico, perimido e ilógico. Si a eso le sumamos que se decía que manejando por la derecha se ordenaría el tránsito y se reducirían los accidentes, nos encontramos con que había que tener fundamentos muy bien fundados para ponerle un “pero” a la nueva ley.

Desde 1945, conmemorando ese cambio, el 10 de junio es el día de la Seguridad Vial. Aquella jornada en la ciudad de Buenos Aires hubo unos pocos accidentes con un muerto como saldo. Pero hoy hace más de una década que el promedio de muertes diarias por accidentes de tránsito no baja de 20.

A casi 64 años, se ve que cambiar la mano de circulación no era lo único que había que hacer.

(ORIGINALMENTE ESCRITA PARA LA REVISTA 054, ES DESCARTADA)

HACERSE LA RATA

No me mientas, no me vengas con que nunca te “desviaste” en el camino de tu casa al colegio y faltaste a clase. O que no mentiste un dolor de panza, esperando que tu mamá se apiade de vos y no te mande a la escuela. Como mínimo tuviste ganas de hacerlo.

Siempre fue una tentación irresistible. Lo fue a comienzos del Siglo XX, para los alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires que eran pupilos. Además de ser famoso por su nivel académico, el Colegio imponía una estricta disciplina y era imposible escaparse. Pero todo imposible tiene su grieta y los estudiantes encontraron accesos secretos a los carácterísticos túneles que recorren esa zona bajo tierra. Y por allí se escapaban, escabulléndose como las ratas que infestaban esos oscuros pasadizos.

Ahí nació el término “ratearse” o “hacerse la rata”, para referirse a esos días en que no tenés ninguna gana de ir a la escuela y te desviás en el camino.

Así se llama en gran parte de la Argentina, pero también hay otras maneras de denominar esta evasión: hacerse la sin-cola (Mendoza) o la chupina (Córdoba, San Juan) o la rabona (en casi todo el país) o la yuta (Salta, Jujuy) que es como lo mismo, ya que una cosa chupina, rabona o yuta es corta o un animal sin cola.

Y esto tiene otros nombres en otros rincones del mundo. Porque donde haya una escuela, habrá alguien que quiera ratearse.

(REVISTA 054 - SEPTIEMBRE 2008)


- VERSION NO PUBLICADA:
Porque hace frío, porque no estudiaste, porque te tentaron tus amigos o porque sí; pero el tema es que un día (o varios) saliste de tu casa pero no llegaste al colegio (sin que los señores padres lo sepan, claro). Ese día “te hiciste la rata”.

Hacerse la rata, o ratearse, no es un invento argentino. Sólo en el idioma español eso mismo tiene tantos nombres como alumnos rateados prácticamente. Puede decirse: hacerse campanas o la vaca o la cuaja o la chancha o la perra o la cimarra o la pinta o el sueco, tirarse la pera o comerse la guayaba, chacharse, pelarse o fumarse o petarse las clases, jubilarse, latar, pirar, capar o colgar clase, echarse los turnos o la pinta o la juyona, pintar venado, comer jobos o la guásima, volarse, rocharse, hacer salera o la ruta o pirola o novillos y mil quinientos etcéteras.

Pero en Buenos Aires y en buena parte de la Argentina, se usa “hacerse la rata”: Y parece que hay que ir bajo tierra a buscar el origen de la expresión. Ocurre que, a comienzos del Siglo XX, en el Colegio Nacional Buenos Aires, que se jactaba de su excelencia académica y estricta disciplina, los alumnos eran pupilos y para fugarse de clases, utilizaban accesos secretos a los carácterísticos túneles que recorren la zona bajo tierra, andándolos como las ratas que los infestaban.

En Argentina, además, se la conoce como hacerse la sincola (Mendoza) o la chupina (Córdoba, San Juan) o la rabona (en casi todo el país) que es como lo mismo, ya que algo chupino o rabón es algo corto o un animal sin cola. También se le dice “hacerse la yuta” en la provincia de Salta y “hacerse la rabona”.

Evidentemente, algo que tiene un nombre en cada rincón del planeta es algo muy popular.

LA GARRA CHARRÚA

A los uruguayos y, especialmente, a su seleccionado de fútbol se los conoce como Charrúas. Y suele hablarse de la “garra charrúa” para referirse al legendario fervor con el que los jugadores de camiseta celeste afrontan los partidos y con el que han logrado hacer historia. Sobre todo, y para el profundo pesar de sus hinchas, en el pasado.

El nombre y la fama de “la garra” derivan de uno de los pueblos precolombinos de Uruguay.

Se cree que el origen del nombre se remonta a Galicia, donde recibían esa denominación unas antiguas y coloridas máscaras festivas, que alguien habrá recordado al ver por primera vez los rostros pintados con diversos colores que estos aborígenes lucían habitualmente.

Lo de la garra viene del indómito espíritu de los charrúas, de la feroz resistencia que opusieron a la conquista española y de su temerario desempeño en las guerras de la independencia de Uruguay. No pudieron expresar esa garra en su exterminación final, en 1831, dado que fue producto de una sangrienta emboscada por parte del ejército de la ya constituida República Oriental del Uruguay.

También se relaciona con los Charrúas un nombre de pila muy popular en este país: Tabaré (de hecho, su actual presidente se llama Tabaré Vázquez). Así se titula el libro de Juan Zorrilla de San Martín (que cuenta la vida del hijo de un cacique charrúa y una española cautiva), considerado el Martín Fierro uruguayo.

Todo esto explica de dónde viene lo de”charrúa” y lo de “garra charrúa” y la popularidad del nombre Tabaré. Ahora bien, lo que sigue siendo un misterio es porque resulta imposible separar a un uruguayo de su termo y de su mate. Hace falta mucha garra para sacárselos.

(REVISTA 054 - SEPTIEMBRE 2008)

DE WANTED A BUSCADOS

Entre tantas series y películas de cowboys, ladrones, sheriff, solitarios llaneros, grandes chaparrales e indios comanches, en 1969 se estrenó “Butch Cassidy and the Sundance Kid” con Robert Redford y Paul Newman personificando a aquellos legendarios pandilleros. Hay algo que la película no cuenta, pero que pasó en la realidad: el dúo estuvo en Argentina.

El curriculum vitae de “The wild bunch” (la pandilla salvaje), con Robert Leroy Parker (Butch) y Harry Longbaugh (Sundance) a la cabeza, incluye bancos y trenes, y se cierra con el robo del Banco de Winnemucca, Nevada. Persecución, cartelitos con el “wanted” y la pandilla se separa.

El dúo y los U$S 30.000 de su parte del robo, se embarcan en Nueva York en el buque Herminius, junto a Etha James, la pareja de Sundance. Llegan a Buenos Aires en 1901, diciendo ser Santiago Ryan y Enrique y Ethel Place.

En Cholila, Chubut, se instalan como honorables granjeros, aún cuando, casualmente, su ganado crece en proporción a la desaparición de ganado de otras granjas. Pero se hacen amigos del gobernador y del jefe de la policía local, por lo que a las denuncias se las lleva el viento de la Patagonia.

Se les atribuyen robos importantes, pero en 1905 dan un golpe que lleva su sello: asaltan el Banco Nación de Villa Mercedes (San Luis), llevándose $12.000 de la época y se vuelven inalcanzables con una retirada estratégicamente preparada, llena de su proverbial puntería y de caballos de refresco a lo largo de la huída.

Cruzan a Chile. Para 1908 los ladrones andan por Bolivia haciendo de las suyas y Etha ya se volvió a Estados Unidos. El 7 de noviembre, en San Vicente, departamento de Potosí, alguien los delata y todo un ejército los rodea haciendo llover balas sobre ellos, que resisten a la altura de su leyenda. Sundance es herido de gravedad, Butch decide matarlo para evitarle el suplicio de una agonía y luego se suicida.

Allí, al Sur de Bolivia, cuentan que terminaron sus días los cabecillas de la última gran banda del lejano oeste. Lejos de su lejano oeste. Pero en una escena digna de aquellas películas.

(REVISTA 054 - SEPTIEMBRE 2008)

PACHA MAMA

“Pacha” significa “tierra” en quichua y se cree que en una acepción más antigua, refería a la idea del tiempo, del ciclo de la vida. “Mama” significa “madre” y esta palabra define el lazo que une a los pueblos del Noroeste de nuestro país (y, en general, en los Andes Centrales de Sudamérica) con su tierra, con su lugar.

A la Pacha Mama habrá de honrársela, cuidándola a ella y a los frutos que da. Y celebrándola el 1˚ de agosto. Se empieza cavando un pequeño pozo en la tierra, pero el día anterior, porque en su día no se puede cavar, ni saltar, ni gritar, ni arrojar piedras. Y habrá de pedírsele que perdone nuestros errores y que nos siga brindando sus dones. Y ese pozo se llenará para corpachar (alimentar) a la Pacha Mama. Primero brasas, para sahumar la tierra y luego un buen guiso (nunca algo frito ni asado). Le convidaremos también de nuestro vino o nuestra chicha, de nuestro tabaco y nuestra yicta (masa de papa y cenizas con la que se masca la hoja de coca). Todo lo nuestro es suyo porque es la Pacha quien nos lo da.

Las simplificaciones la definen como una diosa o relatan un mito de mujer hija de dioses. Pero el concepto real de la Pacha Mama, excede todo eso, es mucho más profundo. Porque ella es la tierra misma. Es la vida misma.

(REVISTA 054 - SEPTIEMBRE 2008)

UN EDIFICIO FINO: LA MUNDIAL

En la ciudad de Córdoba, caminando por la Avenida Olmos, alejándose del Río Suquía, puede parecer que nos encontramos con una de esas escenografías que simulan un edificio: una fachada sin nada detrás.

Pero no: es un edificio. Angostísimo, eso sí. Se llama La Mundial y si uno pregunta por él todos afirmarán que es el más angosto del mundo. Parece que por pocos centímetros “La Fetta di Polenta” de Torino, Italia, es el más delgado. De hecho, la web de la Ciudad
lo señala tímidamente como el más angosto de Sudamérica.

La feta cordobesa data de 1936 y está ocupada mayormente por oficinas, aunque no sobre el espacio, ya que su parte más gruesa es de unos 6 metros. De hecho el bar que está en el local de la esquina de la planta baja apenas si tiene lugar para 7 mesitas.

Observar a “La Mundial” de frente es un placer: su amplia y bellísima fachada está plagada de lujosos detalles arquitectónicos. Esto hace aún más curiosa su delgadísima silueta al verlo de perfil.

No se sabe mucho de las razones de su angostura, lo que genera todo tipo de fantasías y especulaciones: desde el despecho del propietario de este lote para con quien no quiso venderle la parte que hubiera permitido contar con un espacio un poco mayor, hasta su construcción de apuro para ocultar algún túnel subterráneo o para hacer desaparecer algún dinero. Rumores. Pareciera que es el más angosto y, a la vez, el más misterioso.

(REVISTA 054 - JUNIO 2008)

EL CHIVITO URUGUAYO

Una turista pasa por Córdoba (Argentina) y se enamora del sabor de la carne de chivito. Días después, llega a Punta del Este (Uruguay) e intenta repetir la experiencia en el restaurante de un tal Antonio Carbonaro (1916-2003). Era tarde y Don Antonio estaba escaso de mercadería y no sabía decirle que no a un cliente. Así que cocinó un bifecito de lomo (de vaca), y lo disfrazó con un pan con manteca, jamón y queso. Cualquier vaca es una cabra entre tantos sabores, así que esa noche, de principio de los ’60, se inventó el Chivito,el delicioso sandwich que es toda una institución uruguaya.

Lo gracioso es que lleva el nombre de lo que no tiene (carne de chivito), aunque tiene de todo. Hay Chivitos más simples, pero pueden llegar a contener un supermercado entre pan y pan: jamón, queso, lechuga, tomate, aceitunas negras y/o verdes, cebolla, huevo (frito o duro), pickles, granos de choclo, berenjena al escabeche, arvejas. Pero, fuera del pan, nos esperan las papas fritas y/o ensalada rusa y/o ensalada de lechuga y tomate. Si además tiene panceta, pasa a llamarse Chivito Canadiense. En medio de tanto ingrediente, están bifecitos de lomo (de vaca).

No podés volver de Sidney sin haber pasado por su tan puntiaguda Ópera. Ni de París sin haber estado en la tan metálica Torre Eiffel. Ni de Londres habiendo ignorado su tan o’clock Big Ben. De Uruguay no podés irte sin haber probado su tan cargado y sabroso Chivito.

p.d.: si te quedaste con hambre, pedite un Postre Chajá, que se hace con huevos de gallina, no de chajá. Ni con su carne ni con sus plumas. O sea: no tiene nada del pájaro chajá.

(REVISTA 054 - JUNIO DE 2008)

DIFUNTA CORREA

Arriero era Don Pedro Zeballos. Llevaba ganado ajeno a través de largas distancias. Cumplidor y confiable como era, casi se nos muere cuando una noche, cruzando la provincia de San Juan con 500 vacas, lo sorprendió una feroz tormenta que espantó a los animales que huyeron cada uno hacia un punto cardinal diferente.

De rodillas cayó Don Zeballos, implorando ayuda a la Difunta Correa. Una promesa a cambio de que su ruego sea escuchado. Y no fue otra cosa que un milagro encontrar, al otro día, a los 500 animales en una cuesta, pastando como si nada.

Don Zeballos conocía la historia: 50 años atrás moría en ese lugar Deolinda Correa, sanjuanina bellísima, felizmente casada, pero deseada y acosada por el tiránico comisario del pueblo, quien hizo pesar influencias para que su marido fuera reclutado por la fuerza para pelear en la violenta guerra civil que desangraba al país. Huyó de su repugnante pretendiente sin equipaje ni provisiones, con su bebé en brazos, tras los pasos de la tropa, de su amado. Pero se extravió y el calor abrasador del desierto la fue matando de sed. Protegió a su hijo con su cuerpo y rogó a Dios por él mientras lo amamantaba, mientras se le iba la vida. Varios días después de muerta, unos hombres encontraron el cadáver de la mujer y, a su lado, el bebé sano y salvo, sobreviviendo gracias a los inmortales pechos de su madre.

Rápidamente se oyó del milagro por todas partes. Pero el culto tomó fuerza cuando Don Zeballos construyó el templo que le había prometido a la Difunta Correa, allí donde había sido hallado su cuerpo y su hijo, convirtiéndolo en un destino de peregrinajes.

Mito curioso. No hay ninguno que se le parezca en el mundo. Y a más de 150 años, su culto crece y crece, siendo uno de los más añejos y populares de Argentina, ahí en Vallecito, San Juan, o al costado de cada ruta argentina donde improvisados santuarios se llenan de ofrendas, principalmente centenares, miles de botellas con agua, para apagar la sed mortal de la Difunta Correa. Esa sed que no le impidió amamantar a su hijo aún muerta, que no le impidió convertirse en leyenda.


(REVISTA 054 -JUNIO 2008)

SAN LA MUERTE

Sobre todo en el noreste del país, le piden encontrar objetos perdidos, conseguir o recuperar un amor, conseguir o mantener el trabajo, la salud, la suerte en juegos de azar. Y hasta vengar algún mal. Cosas de la vida. Y se las piden a San La Muerte.

Cuando los jesuitas fueron expulsados de América, los guaraníes empezaron a reverenciar santos paganos. De hecho, algunos cuentan que San La Muerte fue un monje de la orden, perseguido y encarcelado, acusado de brujería que hizo pagar su maltrato convirtiéndose en un esqueleto vengador.

San La Muerte está en un lugar del cielo repleto de velas. Cada vela es el alma de un hombre y cada una que se consume es alguien que muere. Y él tiene la misión de guiar esa alma ante el creador. Por eso hay que encomendarse a San La Muerte, para que ayude en la vida, pero también cuando uno se va yendo.

Está representado por un esqueleto humano, a veces con una túnica negra, empuñando una guadaña. Su culto consiste en la posesión y adoración de una imagen. Las más efectivas son las talladas en huesos humanos y mejor si son de la falange. Si son huesos de un niño que murió bautizado, aumenta su efectividad. Pero todavía pueden ser más poderosas: si el artesano se halla purgando una pena en la cárcel. De hecho, el más famoso es Aquiles Coppini, condenado a cadena perpetua por homicidio. Su pena fue recientemente conmutada y hoy vive de la talla de estas imágenes.

Eso sí, lo hagan de lo que lo hagan, el amuleto debe cumplir otro requisito para funcionar: ha de ser bendecido por un sacerdote católico. El punto es que ninguno lo haría por ser éste un culto pagano. Pero sirve lograrlo escondiéndolo entre las ropas de un niño que se bautiza, bajo una estampita de algún santo canonizado o donde sea que se logre su bendición sin que la pieza sea descubierta. Alto, aún no sirve: falta llevarlo 7 viernes seguidos a 7 iglesias diferentes.

Pero parece que al cabo de todo este trámite, vale la pena llevar siempre con uno a San La Muerte. Por esas cosas de la vida.

REVISTA 054 (MARZO 2008)

CHE

Uno de los argentinos más famosos es “El Che”. Ernesto Guevara fue bautizado así precisamente porque era argentino. Y es que en Argentina el uso de la palabra “che” es constante: “Che, vení”, “Llamame, che”, “che, qué tarde que se hizo”, “no sé, che”, “che, qué caro”, “che boludo”, y así estamos todo el día.

Si bien la Real Academia Española la trata como poco más que una onomatopeya, es una palabra de un uso tal que marca la identidad de casi 40 millones de argentinos atravesando todos los estratos sociales. Y las versiones de su origen son, en cantidad, proporcionales a su importancia.

Las lenguas nativas tienen algo para decir. En guaraní, “che” significa “yo” o “mi”, por eso son comunes en el noreste expresiones como “che sargento”, “che patrón”, “che amigo” (sintetizado en el popular “chamigo”). En lengua de los mapuches y los tehuelches, “che” significa “hombre”, “gente”.

Si no viene de ahí, viene con la inmigración. Probablemente de Valencia (de hecho su equipo de fútbol es conocido como “el equipo che”), donde “che” (originalmente xé) se usaba del mismo modo que acá en la actualidad, parece que heredado de los árabes. Hasta se sabe que existió antiguamente una voz similar (ce) en Lombardía, Italia. Hasta hay quien sostiene que en Israel, hace 3.000 años, se usaba un “che”, que significaba “usted”.

La cuestión es que, venga de dónde venga, acá está. Y acá se quedará. Porque es una de esas cosas que nos identifican. ¿No, che?

REVISTA 054 (MARZO 2008)

EL GOL Y LA BOMBA

Mundial de Fútbol Francia ’98. 30 de junio. Inglaterra 2, Argentina 1. Minuto 45 del primer tiempo. Tiro libre para Argentina. Los ingleses armaron barrera para un seguro derechazo de Batistuta. Pero éste pasó sobre la pelota y Verón dió un suave pase a un costado de la barrera, detrás de la cual apareció, como un fantasma, Zanetti, que de zurda sentenció el empate.

Una jugada preparada, que desbarató otra jugada preparada, pero a mil y tantos de kilómetros, en Polonia.

Es que ese gol salvó a la Selección Argentina, llevando el partido al alargue y luego a los penales. Pero además salvó a Narek Kopackz, fiscal polaco de la ciudad de Szydlowiec cuyo auto voló por los aires al final de los 90 minutos.

Resulta que este fiscal se encontraba investigando a una banda criminal. Y todas las noches llevaba su auto a una comisaría para prevenir que fuera objeto de un atentado. Pero la bomba fue colocada antes y programada para estallar minutos después del final del partido cuando, teóricamente, Kopackz llevaría su auto a la policía. Los criminales no calcularon que el partido podía extenderse. La bomba se activó con el fiscal viendo el alargue.

Cuando la causa judicial terminó, el fiscal polaco escribió una carta a Javier Zanetti contándole lo sucedido y agradeciéndole por salvarle la vida.

Argentina ganó en los penales y pasó a los cuartos de final del torneo. Dicen que fue el mejor partido de aquel mundial. Para el fiscal polaco, fue el partido de su vida.

(REVISTA 054 - DICIEMBRE DE 2007)

VIENO ZONDA

Sopla el viento Zonda, Huayrapuca, el viento de las brujas. Sopla salvaje, caliente y despiadado desde Mendoza hasta bien al norte, enloqueciendo a las aves, espantando a los animales, arañando el suelo y turbando a la gente. Sopla bajando de la cordillera. Sopla y parece aullar. Y es un aullido dolido.

Es el aullido del hombre despiadado que se valía de su destreza y de una puntería privilegiada con el arco y la flecha, con la lanza y la boleadora, para matar pájaros y animales, más de los que necesitaba para alimentarse o abrigarse. Sólo por ambición y soberbia. Se llamaba Gilanco, hijo del pueblo Huarpe.

Pero la Pachamama, la madretierra, se cansa de quienes se abusan de sus dones, de su generosidad. Advirtió a Gilanco, pero este la desoyó. Entonces, su furia se descargó en forma de viento que le quemó la cara al huarpe y sus remolinos se devoraron sus cenizas y su alma.

Aulla el alma en pena del soberbio que desafió a la naturaleza. Sopla el escarmiento de la Pachamama para quienes no la cuidan.

(REVISTA 054 - DICIEMBRE DE 2007)

LA/S LEYENDA/S DE LA YERBA MATE

No por nada en Argentina es casi imposible encontrar gente a la que no le guste el mate.

Son muchas leyendas que los aboríegenes guaraníes cuentan sobre el origen de la planta de Yerba Mate.

La más conocida: Yarí, la diosa Luna, paseaba por la selva cuando un yaguareté la atacó, pero un cazador mató al animal justo a tiempo. Como agradecimiento, Yarí le dejó una planta nueva.

Otra: un anciano ya no puede seguir los pasos de su tribu nómade y su hija dedica su vida a cuidarlo y protegerlo. Tupá (dios supremo de los guaraníes) premió el cariño de la sacrificada muchacha haciendo brotar la Yerba del suelo.

También está la historia de Tupú, genio del bien que llegó hasta lo de un anciano muy pobre, que aún así lo albergó y alimentó. Agradecido, el genio le regaló la reconfortante planta.

La misma que le dejó la diosa Sumá a Maté, un guerrero, como premia a su valor.

Esta es triste: Ka’a era una bella joven, a cuya aldea llegó un avaré (sacerdote guaraní), del cual se enamora. Ella intenta seducirlo, pero el avaré la mata, asustado por la tentación a su ascetismo. Años después, viejo y arrepentido, vuelve al lugar y ve que una planta desconocida creció en donde murió la joven. Come de sus hojas y siente como su cuerpo y su alma se renuevan.

Cuando los jesuitas llegan a América tratan de que los aborígenes tomen el mate como un té: veían algo satánico en eso de andar chupando una bombilla. No modifican la costumbre, pero la influencia cristiana se nota en otras leyendas.

Una cuenta que Santo Tomás dejó la planta premiando la vida sacrificada de los guaraníes, que en realidad atribuyen el regalo al dios Pai Zumé, a quien describen de piel blanca y barba por lo que los jesuitas interpretan que se trata del Santo.

Otra leyenda con sello católico: San Pedro y San Pablo pasean por la tierra y son albergados por un anciano muy pobre, al que Dios premia convirtiendo a su hija en la planta de Yerba. Premio raro, pero bueno…

No por nada en Argentina es casi imposible encontrar gente a la que no le guste el mate. También es casi imposible encontrar una leyenda sobre su origen en la que la Yerba no sea un premio, una muestra de gratitud. No por nada.

(REVISTA 054 - SEPTIEMBRE DE 2007)

TELESITA

Para algunos se llamaba Telésfora Castillo, para otros Telésfora Santillán o Teresita del Barco. Para todos es la Telesita. Vivió en Santiago del Estero y su historia fue dictada por la tragedia: su familia entera murió por una peste y el hombre que amó dejó la vida en un duelo. Sanó su pesar dedicándose a los pobres y a los enfermos. Se sabe que la Telesita era diestra en el manejo de las hierbas, de esas que curan. Tanto, que la leyenda la vistió con la fama de milagrera.

La Telesita amaba bailar. Y beber. Y al beber se entregaba a la danza con tal pasión, que no vio la fogata que le convidó fuego a su vestido. Y el fuego consumió a la Telesita que no dejaba de bailar. O que jamás dejó de bailar: hay quienes juran verla bailar aún con sus harapos en el monte. Se escribieron canciones con su nombre y se le ruegan sanaciones. El ritual indica que quien pide ha de ser el centro de una reunión de amigos y parientes. Y que luego de cada chacarera, ha de beber una copa y así hasta caer rendido de baile y alcohol. Eso garantiza que la Telesita cumpla con el pedido. Porque la Telesita sabe lo que es el dolor. Y sabe lo que es entregarse al baile.

(REVISTA 054 - JUNIO DE 2007)

EL PRINCIPITO Y LAS PRINCESITAS

Hay lugares que tienen magia. Y si allí se vivieron experiencias conmovedoras que sirvieron de inspiración para un libro como El Principito, entonces es inevitable que la magia de ese lugar nos llene el alma.

En Concordia, provincia de Entre Ríos, está el hermoso Parque Rivadavia y en él, las ruinas de lo que fue un imponente caserón, edificado en 1888. Su lujo, su modernidad y su excéntrico dueño francés (que desaparece misteriosamente 3 años después) eran toda una rareza. La gente lo llamó “el castillo”. Así se lo conoce hoy: el Castillo de San Carlos. En 1929 llega a la casa otra familia francesa: los Fuchs Vallon.

Enero de 1930. Un avión aterriza en aquellos campos a la vera del río Uruguay. Al hacerlo, una rueda se rompe. La familia invita al piloto a pasar la noche en su casa y al llegar allí, la magia se produce: el aviador, Antoine Jean-Baptiste Marie Roger de Saint-Exupéry, se enamora de cada rincón y se encuentra con las hijas de los Fuchs (Edda, de 9 años y Susanne, de 14), con cuyo encanto e inteligencia queda completamente fascinado.

El autor de “El Pincipito” cuenta estas vivencias en la revista parisina Marianne, en la nota “Las princesitas argentinas” y también en su libro “Tierra de Hombres”, en el capítulo “Oasis”. Hasta planeó una película con Jean Renoir.

Pero, sobre todo, las “princesitas”, son la génesis de su obra más recordada: “El Principito”. No por nada llama oasis a aquel rincón (en el libro el encuentro con el Principito se produce en el desierto, luego de la avería de un avión). No por nada al Principito se le enrosca una serpiente en los tobillos, parecido a lo que le pasó al autor mientras cenaba con las princecitas, con serpientes que convivían con ellas con total naturalidad. Al igual que un zorro, que también aparece en el famoso libro, diciendo la recordada frase “lo esencial es invisible a los ojos”. Y aquí, entre estas ruinas, aunque no se lo vea, está Antoine de Saint-Exupéry. Magia.

(VERSIÓN EXTENDIDA DE LA NOTA PUBLICADA EN REVISTA 054 - JUNIO DE 2007)

LA CASA ROSADA

Cuenta la leyenda que cuando el Presidente Sarmiento determinó que la Casa de Gobierno sea de color rosa, lo hizo como gesto de conciliación, mezclando los colores que identificaron a las facciones que se enfentaron en la sangrienta guerra civil que había quedado atrás: Federales (rojo) y Unitarios (blanco).

Considerando que el color con el que se identificaban los Unitarios era el celeste, la leyenda se destiñe.

Lo que no destiñe es la cal cuando se la mezcla con sangre bovina. Y ese parece ser el origen del color: en el siglo XIX, para que la cal se fije a las paredes y no se lave con la lluvia se la mezclaba con una bien roja, y no necesariamente Federal, sangre de buey.

(REVISTA 054 - JUNIO DE 2007)

FIEBRE DE SÁBADO POR LA NOCHE

Cuando se arma la Salamanca, se arma la gran fiesta. No falta nadie: demonios, brujas, hechiceros, adivinos, animales fantásticos y todo tipo de espíritus y almas en pena, se juntan para una bacanal en la que no faltarán los licores espirituosos y los momentos orgiásticos.
Se hace en algún lugar de un monte, o en un desierto. No importa dónde, porque quienes están invitados saben a dónde ir. Pero hay que tener contraseña. Si no, la puerta ni siquiera se ve. Pero cuando se tiene la palabra clave, se accede a un largo laberinto que desemboca en el recinto de la fiesta.

Y ahí está Satanás, con su pluma, ya que si algún humano logra entrar, es para firmar un pacto con él. Pero es dificil que un cristiano entre a esta fiesta, salvo que supere las pruebas que en el laberinto le irán exigiendo los demonios y los bichos raros que andan por ahí. Si ves a alguien que no proyecta sombra, tené mucho cuidado: ese estuvo en una Salamanca. Y si estuvo, firmó.
El músico Sixto Palavecino dijo haber estado en una Salamanca. Y le preguntaron cómo hizo para superar las heréticas exigencias del laberinto siendo tan católico. El músico sonrió y respondió: es que entré por la puerta de atrás.

(REVISTA 054 - MARZO DE 2007)